Unidad, autonomía, diversidad

Por Rodolfo Aguiar, secretario general de la CTA Autómoma 

Todos los debates internos que se lleven a cabo en las organizaciones de trabajadores deben destacarse y ser respetados, aunque a veces uno pueda no compartirlos.

Por ahora el regreso a la CGT que se plantea de una de las CTA, la de los Trabajadores, no es más que una puesta en escena que refleja más los intereses de los dirigentes, que aquellos que puedan tener las bases de trabajadores contenidas en esas entidades.

Regresar a la CGT es negar uno de los grandes aciertos que tuvo el movimiento obrero en nuestro país en los noventa, cuando se dijo que hay que conformar la CTA porque los sindicatos no alcanzan por sí solos como instrumentos para representar los intereses de todos los trabajadores, en razón que la inmensa mayoría son informales o no ocupados y por lo tanto carentes de una organización que los contenga y sea capaz de alentar sus demandas.

Volver a la CGT es, a sabiendas, dejar abandonados a millones de trabajadores.

A simple vista, aparece como una iniciativa tendiente a potenciar ese pacto social del que tanto se empieza a hablar y que se buscará en el próximo gobierno, corriendo el riesgo de aparecer como la garantía que se continúen aplicando las políticas definidas por el FMI en el próximo período.

Nosotros, la conducción de la CTA Autónoma, también apostamos a un triunfo del Frente de Todos, pero para que rápidamente comiencen a priorizarse los intereses de aquellos sectores que han sido postergados, excluidos y fuertemente atacados por las políticas de ajuste de estos cuatro últimos años.

Aspiramos a ello manteniendo nuestras identidades, no confundiéndonos en falsas unidades que beneficiarán más a otros que a los propios trabajadores y sectores sociales que decimos representar.

Hemos sido protagonistas y constructores en la calle del resultado de las elecciones primarias y esperamos que se ratifiquen el 27 de octubre. Pero nuestra idea no es convertirnos en aplaudidores, sino en demandar la urgente recuperación de todos los derechos vulnerados por el gobierno macrista.

Cuando decidimos irnos de la CGT lo hicimos porque decidimos construir un modelo sindical distinto, y todavía estamos en plena tarea. La unidad se debe hacer en la lucha y en la calle. La mayoría de los que están hoy en la CGT, aunque hay honrosas excepciones, ya no son sindicalistas, sino que piensan, hablan y viven como empresarios. Nosotros no tenemos nada que hacer ahí.